Relaciones

El día que empecé a criar a mi hija, descubrí todo lo que le debo a mi madre 

El amor por mi madre, cambió para bien, para ver la vida con otros ojos y valorar cada instante a a su lado. 

Por Karen Villaseñor

- 23/10/2020 03:19

El día que empecé a criar a mi hija, descubrí todo lo que le debo a mi madre  - null (Foto Pexels)

Fue ese día cuando la tuve por primera vez en mis brazos, cuando mi mirada se perdió en la mía, en el momento que sentí lo tibio de su piel y la manera tan bonita en la que apretaba mi manos con lo diminuto de sus pulgares. Ese día que empecé a criar a mi hija, descubrí todo lo que le debo a mi madre. 

Y es que no tenía idea, no sabía que ser madre te revoluciona y no sólo los días, la vida entera, te transforma las emociones y la manera en que ves la vida. Desde el primer momento supe que sería una batalla, que criar me exigiría tiempo, paciencia y muchas ganas de aprender, de levantarme y de saber que no podré hacerlo de una forma perfecta por más que lo intente. 

Descubrí todo lo que le debo a mi madre 

Porque sí ser hija no es fácil, pero estar del otro lado requiere valentía y mucho amor, tanto que a veces se te acaba y ya no te queda ni tantito para el amor propio. Entendí que muchas veces mi madre estaba agotada, sin ganas de seguir y aún así se levantaba por mí, por mis hermanos, porque no nos faltara nada. 

Entendí que la vida no es fácil, que la crianza de los hijos te absorbe y que muchas veces provoca que te olvides de lo que te gusta, de lo que te hace reír, de lo que te mueve, pero sabes...una madre no se rinde, aún con la marea encima, continua y continua, siempre resiliente por sus hijos. 

Descubrí todo lo que le debo a mi madre y no me refiero a lo económico, le debo la vida entera, las gracias por limpiarse las lágrimas y seguir, por no decir nada cuando ya no podía más, por esforzarse en darme lo mejor, por quererme ver brillar e invertir todo lo que tenía en mí. 

El día que empecé a criar a mi hija aprendí a ver a mi madre con otros ojos, mi amor se convirtió en gratitud, en un eterno gracias para toda la vida. Y aunque muchas veces no coincidimos, agradezco sus raíces, sus manías, sus canciones, su comida, sus regaños, sus risas repentinas, su forma de ver la vida. 

El día que empecé a criar a mi hija, descubrí todo lo que le debo a mi madre- Foto Pexels 

Gracias a mi madre soy quien soy, mis cualidades y defectos los amo por igual, porque me enseñó lo mejor, ha sido mi ejemplo para no rendirme, para esforzarme, para recordarme que sí puedo cumplir mis sueños. El amor por mi madre volvió a nacer con mi hija, se transformó. 

Ahora es un amor fuerte, agradecido e inmarchitable, pero sobre todas las cosas es un amor que perdona, que entiende y que está dispuesto a seguir aprendiendo.

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